A dos décadas
del levantamiento zapatista, las comunidades indígenas en Guerrero, Chiapas,
Michoacán y Oaxaca no distinguen cambio alguno en banderas políticas, pues
permanecen en el inminente olvido e invisibilidad social, salvo para la
sociedad académica nacional e internacional, quienes ven con admiración,
entusiasmo y análisis reivindicativo lo que denominan “un mundo totalmente
diferente al resto”, es decir, las costumbres, la psique y su constante auto
reflexión para desprenderse con soltura de la cotidianeidad, lo que llaman “el
buen vivir”. Así lo entendió Xenia Rueda, dirigente del Seminario Sociedad del
Conocimiento y Diversidad Cultural, de la UNAM.
Sin mayor
vínculo que la curiosidad por “los otros” de la sociedad, los indígenas; Xenia
comprendió que la mejor forma de acercarse a ese otro mundo era con
preparación, dar más de forma sencilla y práctica, para ello estudió un
doctorado en Filosofía de la Ciencia. A la par de su labor como docente, fundó
con otros el Seminario donde trabaja temas relacionados con el
multiculturalismo de los pueblos indígenas de Guerrero, Oaxaca y Chiapas. En
sus espacios libres, Rueda ha dado clases a jóvenes en secundarias de Tlapa.
Hablar de
etnias siempre nos remite a desigualdad, rezago social, sin mencionar la
limitada equidad de género y el bajo crecimiento económico. México es un país
desigual, la brecha financiera entre ricos y pobres se adelgaza cada vez más. Según
el reporte más reciente de la OCDE, de los 34 países que conforman la
organización, el nuestro ocupa el último en distribución de ingreso, es decir,
el 20.4% de los mexicanos vive con menos del 50% de ingreso medio nacional, lo
cual contrasta con el plan del presidente Peña Nieto de erradicar el hambre a
través de la Cruzada nacional contra el hambre, que no fue más que un tour publicitario
de las marcas de comida chatarra por las comunidades de difícil acceso.
La sociedad
académica ha servido de vehículo para levantar la voz ante décadas de repetirse
los mismos errores, donde la administración priista ha tenido todas las credenciales
de mostrarse como un estado fallido, ya que no puede garantizar la alimentación
de toda su población, ni garantizar los derechos humanos, ni brindar los
servicios públicos, ni extender cobertura alguna ante cualquier desastre
natural, de tal modo que ha dejado desprotegidos a los sectores más vulnerables
de la sociedad, que son colonias enteras de indígenas, donde en tiempo se
congela y éstos carecen de cualquier servicio.
Es ahí donde
Xenia cumple una función de solidaridad intelectual en la reconstrucción del
individuo y la colectividad, desde herramientas filosóficas, que consisten en la
reflexión, el diálogo por medio de la interpretación, que no es más que
repensar a los indígenas. En palabras de Rueda, “Hemos recibido mucha
información de lo que ellos hacen, por lo tanto, teníamos el compromiso de
retribuirlos”.
¿Cuál es tu
vínculo más cercano con los indígenas y los zapatistas?
Desde 1994 me causó un gran impacto y
aunque era muy joven comencé a interesarme, especialmente en la licenciatura
hice un seguimiento de las demandas, la situación del EZLN. Su objetivo siempre
fue buscar justicia, igualdad política y social, reconocimiento indígena y
autonomía. En la práctica, he organizado eventos cada año, incluso un amigo
organiza la Semana Zapatista en el país Vasco. La incidencia del movimiento
zapatista a nivel internacional es impresionante. Hacia dentro (en el país), se
juzga demasiado, se cuestiona mucho.
¿Es verdad
que se celebran conferencias internacionales entorno al EZLN? ¿Nos puedes
comentar un poco al respecto?
En el exterior hay muchas cosas que se
admiran del movimiento zapatista. La Semana Zapatista, en el país Vasco. Varios
mexicanos hemos tenido la oportunidad de colaborar en esas conferencias. En el
extranjero no se ve a los indígenas como un problema, sino como una virtud de
México y países de América Latina. Esto se ha analizado a sobremanera.
¿Con qué
óptica es percibido desde el extranjero el movimiento zapatista?
Se ha concluido en varias ocasiones
que si México tuviera un gobierno más republicano, las exigencias de casi todas
las etnias del país tendrían mucha cabida. Conoceríamos más la textura de los
indígenas, se les reconocería más y se les comprendería más sin juzgarles.
Desde la conquista siempre se ha visto al indígena como un recurso humano, como
al ignorante que no tiene educación y siempre se les busca alfabetizar desde
esa óptica. Sería vital que el gobierno encontrara soluciones si escuchara lo
que se dice en estos foros, porque ahí se conoce de lo que se habla, en muchos
casos conocen muy bien el territorio indígena, saben de lo que hablan y conocen
las problemáticas.
Incluso el filósofo mexicano, Ambrosio
Velasco, en su libro “Republicanismo y Multiculturalismo”, esboza las
diferencias entre una democracia liberal y una republicana. Él, retoma a
González Casanova, a Villoro, en un estudio muy particular, donde ve en el
zapatismo un eje muy determinante, las vías de solución. Estoy de acuerdo, si
se pensara más en una democracia republicana, habría más apertura y menos centralización,
no sólo habría un gobierno que tomara todas las decisiones.
Existen ejemplos donde la emancipación
funcionó, como en Cherán, donde tienen un representante para toda la comunidad
que vela por ellos y sus intereses en todo momento, no como el resto de la
ciudadanía, que está en una democracia liberal, donde la única obligación que
se tiene es ejercer el voto cada 6 años. Su caso es una verdadera democracia.
Hay caso de relativo “éxito”, en
Cherán, en Chiapas, en Oaxaca, donde en su comunidad Mixe siempre ha estado
renuente hacia el estado en la cuestión política. De hecho, todas las
decisiones políticas que toman son a través de asambleas comunitarias. Así
eligen a sus representantes. En Michoacán, el año pasado, en tiempos de
elecciones, Cherán obtuvo el aval de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Se tomó muy en cuenta lo que la comunidad decidió.
Ante el
autoritarismo del PRI, sabemos que surgió un movimiento de autodefensa
precursor del EZLN llamado Fuerzas de Liberación Nacional. ¿Crees que existen
vasos comunicantes entre el movimiento
zapatista y el surgimiento de las policías comunitarias en los estados del sur?
Entre los cambios de partidos que han
gobernado realmente no existen diferencias. No ha habido ayuda alguna a las
comunidades indígenas. Es el mismo esquema en todos los partidos, es decir,
todos ven a los indígenas más como un estorbo que como un beneficio. Incluso,
ante los estatutos de la OCDE, estas comunidades siempre son un problema. Es lo
mismo en todos los partidos. No se podría hablar de un cambio de hace 20 años
para acá.
Claro, las exigencias comunitarias han
existido desde hace 30 o 40 años, sólo que ahora se ha hecho más evidente. Por
ejemplo, en la Costa Chica, que es la más antigua, ahora son dos policías
comunitarias. La cuestión de las policías comunitarias es que se han vuelto un
tema mediático, aunque hoy en día hacen más evidente que antes, que el estado
no está asegurando la seguridad de las poblaciones. Además, se puede notar que han
copiado modelos de seguridad antaños, como Guerrero y Michoacán.
El movimiento zapatista estuvo muy
bien pensado, sabían que al interior de la República Mexicana no tendrían mucho
auge, su salida o vía más importante fue en el extranjero. El “boom” del
levantamiento armado fue tomado más en cuenta a partir de la gran cobertura que
se le dio desde el exterior.
¿En algún
momento prosperaron los acuerdos entre el gobierno y los grupos indígenas?
Claro que prosperaron, no fueron un éxito
total. Por ejemplo, en los acuerdos de San Andrés no se tiene una resolución
muy clara, continúa habiendo problemas al respecto. El levantamiento zapatista
fue un poco más pacífico, no como en las FARC, donde existían secuestros de
años o atentados políticos. En eso caso, no hay guerrillas de armas tomar, sólo
especulaciones. Acá, los zapatistas se relacionaron con intelectuales de una
izquierda íntegra de ese entonces. Además hubo mediadores.
Cabe recordar
que en las recientes inundaciones que originaron la tormenta “Manuel” y el
huracán “Ingrid”, en Guerrero, los integrantes del Seminario Sociedad del
Conocimiento y Diversidad Cultural, enviaron 40 toneladas de ayuda humanitaria
a la Montaña Alta, ya que los habitantes Tlapas se mantenían en total abandono,
lo cual reafirma la tesis de que viven discriminados.
¿Vivimos en
un estado fallido permanente?
Existen regiones más democráticas que
otras. No hay puntos de acuerdo e igualdad entre gobierno y sociedad y
podríamos hablar de una Ciudad de México, una Guadalajara, un Monterrey. Los
demás ciudadanos no tenemos lo que tienen las comunidades, acá parecería que
cada quien va por su propio pie, rema a su corriente y nada más. Entre las
comunidades y el resto del país son dos mundos distintos.
Desde que somos pequeños, en las
escuelas se nos enseña a satisfacer nuestras propias necesidades. En las
comunidades, aprendes, trabajas por y para tu comunidad. Ese es el tipo de
choques que podemos tener los ciudadanos con ellos, que no se les entiende. En
el caso del zapatismo tienen su propio modelo educativo, sus propias escuelas.
Ellos se salieron del sistema, del económico, del político y de salud. Sus
escuelas son peculiares, tienen los “caracoles”, donde se instruye a los niños
y jóvenes en cómo podrían ayudar a su comunidad, que no es más que el bienestar
común, el “buen vivir”.
¿Se ha
diluido el EZLN? Es decir, pasaron de comunicados a publicar un poema el año
pasado…
En varios años no se sabía bien lo que
estaba pasando al interior del movimiento, de los caracoles y del Buen Gobierno.
A partir del poema del año pasado se reactivaron muchas actividades que tenían.
El poema es corto, pero tiene muchas cosas interesantes porque manifestaron de
nuevo el rechazo al estado y constataron el reconocimiento a su propio estado,
a su autonomía. En junio y julio de este año realizaron actividades de la
escuela zapatista y convocaron a mucha gente. Hace algunas semanas el
subcomandante Marcos hizo un balance de esas actividades. En enero instalarán
una nueva escuelita zapatista.
En ocasiones no se tiene mayor
identificación sobre cuál es el actual papel de Marcos, aunque a últimas fechas
él sólo ha enfatizado que es el vocero. Sus comunicados son exactos, sólo para
reivindicarse. El movimiento zapatista está tan activo como hace 20 años. Ya
veremos qué pasará el 1 de enero de 2014, si habrá fiesta, celebración, o
nuevamente instarán a repensar el movimiento a sus 20 años. Cada año se
movilizan por miles hacia San Cristóbal de las Casas, donde se hacen notar de una
manera pacifista.
Ahora que
retornó el PRI, ¿Crees que haya aprendido alguna lección del levantamiento
armado de 1994 o es el partido con el mismo esquema de gobierno?
El retornado PRI no ha establecido
ningún tipo de negociación con el EZLN. Se prevé que sigan la misma vía, el
tratar de ocultar que continúa pasando esto, cuando en realidad sigue muy
presente. En los Acuerdos de San Andrés han transitado muchas personalidades
del PAN y del PRI, y ni Fox, ni Calderón, ni mucho menos Zedillo han podido
establecer acuerdos duros que logren atender las demandas básicas que tiene el
zapatismo. El esquema del actual gobierno será el mismo, no hay menor indicio
de que vaya a cambiar.
¿Ha
funcionado el espacio que brindó la sociedad académica a las problemáticas de
los indígenas?
Yo creo que sí, lo hemos valorado como
una agenda importante, pero nunca va a ser suficiente si no se aborda desde la
parte política. Académicamente hablando, el zapatismo siempre ha sido objeto de
estudio. Hay extranjeros que han hecho tesis completas sobre el zapatismo. El
movimiento, los indígenas y el zapatismo están cubiertos de análisis, pero
insisto, no es suficiente. Se puede decir que está entendido, pero socialmente
no está entendido, pues socialmente siempre se ha relacionado como cuestiones
apegadas a causas poco entendidas, que generan nulo interés en la población,
incluso ha llegado a ser relacionado con Andrés Manuel López Obrador, o el PRD,
lo que demuestra que las etnias no están comprendidas.
La sociedad académica ha servido de
vehículo para hacer eco de las demandas zapatistas. Incluso el apoyo de la
izquierda que se le brindó al movimiento fue genuino, claro, antes del año 2000.
Después, esos personajes entraron a la esfera política y su apoyo se diluyó y
se volvió mediático.
La entrevista fue escrita para Spleen! Journal