Uno de los cineastas más importantes de la actualidad,
originario de Nueva York y con cerca de 50 películas en su haber, Woody Allen,
ha logrado convertirse en un ícono mundial cultural por el impacto visual en
sus filmes vanguardistas, frescos y reflexivos, los cuales realiza con rigor y
entrega en periodos de 10 meses o un año y medio.
En su reciente entrega, Blue Jasmine, presenciamos la
historia de Jasmine, una mujer adinerada que disfrutó de Manhattan hasta que su
marido arriesga su fortuna en juegos financieros peligrosos, la engaña y se
separan. Jasmine (Cate Blanchett), gozaba de un jugoso respaldo económico que
desaparece, agotando sus reservas, hasta que enfrenta una realidad muy
comprometida, al punto de tener que mudarse al departamento de su hermana, en
San Francisco.
De reciente exhibición en el Festival Internacional de Cine
de Morelia (FICM), pero aún sin fecha de estreno en las salas nacionales, Blue
Jasmine se suma a las tramas del cineasta donde se retrata con ingenio e
ironía a la clase alta, donde destacan los diálogos ingeniosos, seguidos
religiosamente por un público cautivo y por la crítica especializada que tiene
rendida a sus pies como uno de los personajes más emblemáticos y respetables
del séptimo arte.
Allen es un talento íntegro e inabarcable; su
creación abarca desde la disciplina visual hasta la literaria. Como
muchos escritores, Woody era un joven tímido, al que el colegio no le
satisfacía, pues dedicaba su energía al deporte y a la música, sobre todo a
tocar piezas de jazz con su clarinete. A los 19 años ya
escribía guiones para el show de Ed Sullivan, no obstante,
su verdadero éxito lo consiguió con una obra de teatro: Play It Again, Sam,
donde interpretó por primera vez el papel que usaría como alter ego para
el resto de su vida: el de un intelectual frustrado, sin oficio ni
beneficio, que tiene poca suerte con las mujeres y sueña con convertirse en
todo un seductor.
Woody Allen ha sido objeto de estudio en diversas cátedras
universitarias, una de ellas en la BUAP, que le dedicó este año un curso entero
“El mundo según Woody Allen”, el cual buscó identificar la corrosiva ironía del
cineasta a través de breves artículos y debates sobre las parejas, el sexo, la
crisis adulta, el cine, la identidad o la trascendencia de la muerte,
vinculados con las películas que proyectaron, entre las que seleccionaron: Amor
y muerte, El dormilón, Annie Hall, Zelig y Medianoche en París, la mayoría
filmes donde los personajes principales son casi autobigráficos.
En su faceta de músico y melómano, Allen es un apasionado
del jazz, y de eso hace gala en sus películas y en su vida personal. La música
es un elemento primordial en su filmografía, basta recordar Manhattan y Midnight
in Paris, la cual lleva una perfecta sintonía con las calles de la capital
francesa, incluso el jazz es la temática principal en Wild Man Blues, un
documental que registró la intimidad de su gira europea junto a su New Orleans
Jazz Band, lo cual implicó una aproximación hacia la faceta conocida de Woody
Allen como director de cine, además de su viaje hacia el epicentro de sus
trastornos y manías, así como de sus marcas de personalidad que lo vuelven más
terrenal, humilde, simpático, y de alguna forma entrañable.
Texto publicado hace unos meses en: http://homozapping.com.mx/
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