De perfil discreto, conversador, elocuente e incansable,
Víctor Roura el periodista, escritor, ensayista y poeta, celebró con la
publicación de su libro “El apogeo de la mezquindad” (2012), cuatro décadas de
actividad dentro del periodismo cultural. Ahí resume su labor crítica y nada
complaciente al frente de revistas, diarios y suplementos culturales. En sus
constantes análisis y en sus distintas colaboraciones Roura ha examinado
exhaustivamente a las instituciones culturales, sus tendencias, desfalcos y
estructuras. En casos como el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes
(CONACULTA), la obra monumental del sexenio de Carlos Salinas de Gortari (PRI),
y la Biblioteca José Vasconcelos, el “elefante blanco” del sexenio del Vicente
Fox (PAN), Roura puntualizó como ambas pasaron de las manos -prestadas–
del panismo, a los brazos paternales del priismo.
En CONACULTA las deudas en los sexenios panistas aumentaron
a 500 millones de pesos. La Vasconcelos, que nació como un proyecto fallido y
pretencioso que no ha logrado aumentar lectores sino al contrario parece
haberlos alejado, porque en México, según la última Encuesta Nacional de
Lectura en México los lectores pasaron del 56 al 46 por ciento; además de sus
innumerables fallas arquitectónicas. Sin embargo, ambos “pilares” fungirán como
un nuevo proyecto cultural del retornado PRI.
Roura emigró de Mérida, Yucatán, a la Ciudad de México y
estudió Comunicación Gráfica en la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM). En 1972 fue cuando se sumergió en el periodismo de rock, tiempos
en que el género estaba prohibido en el país y representaba una revolución
contracultural en gestación. Dirigió tres publicaciones musicales: México
Canta, Sección y El Zeppelin.
Años más tarde, se hizo cargo de la sección cultural en el
diario Uno más uno, la cual -por diferencias editoriales- abandonó, para luego
inaugurar el mismo suplemento en La Jornada y el diario no convencional Las Horas
Extras. En 1987 después de presentar un dummy a Rogelio Cárdenas Sarmiento
–dueño fundador de El Financiero-, creó la sección cultural donde estuvo 25
años a cargo.
En ella desfilaron las plumas como las de Eusebio Ruvalcaba,
Fedro Carlos Guillén, Jorge Ayala Blanco, Juan Domingo, Hugo García Michel,
entre otros. Impulsó la creación e impresión trimestral de las “libretas del
financiero”, que eran cuadernillos de tiraje limitado, donde periodistas,
poetas, académicos, filósofos, críticos y ensayistas, crearon contenidos
originales. En palabras de Víctor, “fueron más de mil plumas”, lo cual habla de
un universo periodístico, entre los que destacaron: Jorge Ayala Blanco,
Juan Manuel Argüelles, José de Jesús Sampedro y David Ojeda. En términos suyos,
“fue tanto material, que se va a perder con el paso del tiempo".
Defensor de la ética como la otrora institución creadora del
periodismo, Roura advierte que desde los tiempos del priismo y el panismo, la
moral periodística ha tenido sus trucos o transformaciones, pero con los mismos
déficits periodísticos, que van desde la implementación descarada del “chayo”
inaugurado y bautizado en los sexenios priistas, hasta la obligada auto
censura en épocas panistas.
Otra forma en que el gobierno ha visto la posibilidad de
corromper los esquemas culturales y artísticos del país son las becas y los
premios literarios, donde con descaro se elogia el trabajo de autores
plagiarios, como Seatiel Alatriste o Alfredo Bryce Echenique, éste último al
más puro estilo priista, sólo respondió antes las acusaciones con un “¡Qué se
jodan! Ambos escritores fueron galardonados sin que sus obras fueran
puestas a juicio ni análisis por parte del jurado de los certámenes en que
fueron premiados, pero sí por periodistas como Gabriel Zaid, Guillermo
Fadanelli o el mismo Roura.
Recientemente y por “motivos reduccionistas”, para sorpresa
de propios y extraños, Roura se despidió de las filas de El Financiero
advirtiendo una caída hacia los lugares comunes del periodismo, es decir, la
maquinaria de las eternas notas informativas y de los boletines de prensa, e
ironizó: “Kafka escribió para sí mismo y hoy es un escritor universal”. Ante
los cambios anunciados por el empresario Manuel Arroyo -quien hace meses
adquirió aquél diario-, que incluían el decrecimiento del contenido de los
caracteres y el aumento de la publicidad y de los gráficos, Víctor previó un
choque de ideologías.
“Todos los editores que maduramos en el diario desde sus
inicios teníamos la libertad de hacernos cargo de nuestras propias secciones
sin que se metiera el director con nuestro trabajo. Fue una gran dinámica de
trabajo. Y eso hizo que El Financiero fuera el único de su tipo. Desde que
Comtelsat lo adquirió cambió radicalmente el diseño, con lo cual no estuve de
acuerdo porque redujeron contenido para darle espacio a las imágenes,
confirmando que en México no se lee, sólo se miran las cosas y yo siempre he pensado
que existen lectores”.
-¿El buen periodismo debe ser incómodo?
“El buen periodismo debe estar distante de los poderes para
considerarse como tal. Un periodista que es amigo de todos los políticos no sé
qué clase de periodismo pueda hacer. Un periodista como Joaquín López Dóriga,
quien está de acuerdo con todos los políticos, no entiendo cuál es su función.
Es una moda, una tendencia, ver a periodistas en radio, prensa y televisión al
mismo tiempo con la misma postura complaciente. Son personas que sirven al
poder y que se sirven del poder. Y eso creo que toda la gente lo entiende. Ahí
no hay periodismo, sólo hay relaciones públicas entre medios y el poder”.
Es conocida la postura crítica de Roura hacia las mismas
instituciones culturales, lo hizo y lo practicó como un deporte olímpico al
señalar irregularidades o embustes, quizá como un ejercicio periodístico de dar
el justo valor a los personajes públicos sobreexpuestos, sin importar la
etiqueta del mismo.
-¿Existe la censura o auto censura en los medios culturales?
“Claro que existe. En La Jornada, que aparenta ser un medio
progresista, por ejemplo, existe la censura porque no se permite que se
publique a ciertas personas que les son incómodas al periódico. Al interior,
existe una lista negra donde no se publica a personalidades como el
enciclopedista mexicano Humberto Musacchio, quien nunca aparece. Al gran
maestro de periodismo, Miguel Ángel Granados Chapa, le dedicaron 15 líneas. En
cambio, cuando murió José María Pérez Gay, le dedicaron la portada porque era
un gran amigo del diario. Entonces, ellos miden la calidad de sus publicaciones
a partir de las amistades, y eso no es calidad periodística.
En todos los medios impresos aplican esas medidas, es un
hecho, incluso la revista Proceso, en donde estoy vetado porque Julio Scherer
García prohibió el nombre de Víctor Roura porque fui el único que me atreví a
decir que todos los libros de Scherer son iguales. Lo penoso es que su equipo
de periodistas son igual de conservadores porque actúan con la misma postura
reaccionaria. Otro caso fue El Universal, quien citó contenidos de mi sección
cultural sin decir que lo editó El Financiero. Si fueran críticos reconocerían
que ya se publicó en otro diario. Eso es autocensura. En cambio, si ellos
publicaban un libro, yo citaba que lo había publicado El Universal”.
Forjador guerrero de aforismos, hoy en día éstos pasaron a
formar parte del argot periodístico, tales como: “Hay quienes quieren ser
periodistas para acceder a la generosidad de los políticos”, o qué tal,
“Periodista rima con priista, panista, perredista”, y de los más atinados, “Hay
periodistas que piensan y otros que prensan”.
-¿Qué otros defectos tiene el periodismo cultural?
“Son demasiados vicios, no podríamos clasificar uno por uno.
Hay periódicos que mantienen una conexión con la iniciativa privada o dependencias
gubernamentales para publicar acomodadamente lo que las instituciones les
piden. El ejemplo más obvio es La Jornada, quien siempre publica los hallazgos
del INAH, pero sabemos que éste se lo da exclusivamente a ese diario. Ahí hay
un acomodamiento institucional. Hay acuerdos entre las cúpulas de la cultura
donde hay acuerdos de por medio. Hay dinero.
Cuando fui el editor de cultura del Uno más Uno, una
ocasión, el subdirector Carlos Payán, me mandó a llamar muy enojado porque
redacté una nota crítica hacia el INBA, de Bellas Artes, por unas obras de
construcción donde claramente se incumplían las condiciones laborales de sus
trabajadores. Simplemente no la publicó argumentando que Bellas Artes nos
pagaba anuncios y que era intocable. Aquí ya hablamos del chayo, sobres blancos
y corrupción periodística.
Todas las dependencias gubernamentales deberían proporcionar
ciertos elementos de su información para darlos a conocer al público, es decir,
deberían tener más apertura y tolerancia a las críticas de sus carteras
culturales, por ejemplo. Muchas instituciones castigan a los medios que les
critican una obra o una ópera. Esa relación está mal enfocada".
En algunos comentarios off the record, Roura describía
verdades como catedrales, es decir, con dardos sencillos recalcitraba la ética
como término, esfuerzo tras esfuerzo, apuntaba que “quien falla en el
cumplimiento de sus promesas no puede ser una persona ética. La ética es un
tema muy complejo que necesita encontrarla respuesta en cada uno de nosotros”.
-¿Qué armas o competencias necesita un periodista cultural?
“La competencia más importante sería saber escribir, por
ejemplo, muchos periodistas tienen sus ghost writer’, es decir, su equipo de
trabajo que trabaja su escrito y ellos lo aprueban. No me imagino leer a Adela
Micha con la pasión con que leo a Vargas Llosa. Desafortunadamente muchos
jóvenes no tienen esas armas, son desilustrados. Por ejemplo, si Carlos Loret
va al CCH Vallejo va a abarrotar el auditorio por el simple hecho de que
aparece en la televisión. En cambio si va José de Jesús Sampedro, a lo mucho
reunirá a 25 personas”.
“Una ocasión fui a dar una conferencia a la UNAM con Alfonso
Arau, de Botellita de Jerez, y el auditorio estaba sobre llenado por el locutor
René Casados y a los 15 minutos canceló y se vació la mitad del foro de
universitarios, de los estudiantes que se supone tienen más cultura”.
En una de sus columnas, Roura analizó la era de Fernando
Benítez y de su círculo cultural, al que calificó de “elitista”, pues aseguró
que el intelectual no soportaba las críticas hacia su grupo, además de
invisibilizar a los que no coincidían con sus puntos de vista, e incluso pone
de ejemplo al argentino Luis Guillermo Piazza, y el chileno José Donoso,
quienes abandonaron el país argumentando que Benítez “les bloqueaba sus
intentos de publicación”.
-¿Qué suplementos, revistas o secciones destacaría?
“The New Yorker, de The New York Times y The Guardian, por
sus coberturas periodísticas de fin de semana. En México, destacaría Laberinto,
de Milenio, porque José Luis Martínez, quien lo dirige, es un hombre destacado,
íntegro e inteligente que no escribe en función de sus amistades.
No destacaría otros suplementos, como El Ángel, o Babelia,
porque solo cubren cierto sector cultural, los consagrados, es decir, un poeta
poco conocido no tendría espacio ahí, o qué decir de la sección de El País, que
sólo publica a sus escritores del catálogo de Alfaguara”.
-¿Los premios literarios promueven una sana competencia
entre escritores o son un culto a la élite de la cultura?
“La literatura en el país está manejada por una o
varias instituciones culturales, es decir, quienes sólo mantienen un
culto a los sectores cerrados, por lo tanto, no promueven la competencia entre
escritores. Los premios están para compensar a los escritores consentidos. Es
curioso ver que los premiados ya fueron galardonados anteriormente. Además, los
jurados en casi todos los premios literarios casi siempre son los mismos. Las
amistades comienzan entre los becarios, es difícil que alguien que no
pertenezca a ese círculo gane algún premio literario.
En alguna ocasión fui jurado de un premio de periodismo
cultural junto con José Carreño Carlón, actual director del FCE y Fernando
Ponce, director de cultura de Proceso. Me tocó analizar 70 trabajos y los leí
todos, lo que asombró y desconcertó a los dos porque ninguno se había tomado la
molestia de leer todos los trabajos. Elegí dos trabajos muy bien escritos de
autores que no eran conocidos, a lo que ellos se negaron a aceptar porque ya
tenían pactada a la ganadora, que era en ese entonces una reportera de La
Jornada.
Después de discutir inútilmente con ellos, me delegaron y
votaron por esa persona. Los premios internacionales siempre se los llevan los
que son diplomáticos porque son amigos de los jueces. Pienso en José Saramago u
Octavio Paz, que fueron amigos de los jurados del Premio Nobel de Literatura.
Son personas que viajan y trabajan sus relaciones públicas”.
Sin pelos en la lengua, en más de una ocasión, Víctor ha
criticado los usos presupuestarios del Consejo Nacional para la Cultura y las
Artes y sus políticas incentivadoras hacia los becarios, pues argumenta que la
institución, en muchos casos, manifiesta no tener dinero, al controlar el
dinero que se otorga a los aspirantes a becas y al mismo tiempo paga millones
para que delegaciones de escritores “representen” al país en ferias culturales
en otros países.
Entonces, ¿Qué papel juega el CONACULTA en la difusión
cultural?
“El CONACULTA está conformado por una cúpula de
intelectuales que se benefician a sí mismos. A partir de ahí, arbitra las
circunstancias y la cultura en el país. De alguna manera son árbitros de la
intelectualidad en México, como por ejemplo, las delegaciones de escritores que
van a las ferias, decide quiénes van, a cuáles y casi siempre son los mismos.
Más concreto, de los 600 que pretenden buscar lugar en el CCC del Cenart sólo
entran 10. Nada asegura que los elegidos sean los mejores entre tantos. Cada
institución cultural cumple con sus funciones para las que fueron creadas,
ninguna va más allá”.
En su péndola poética coexiste esa pasión lúdica por
descubrir lo desconocido, sin embargo, con el paso del tiempo recurrió a lo que
todos los adultos hacen con el paso de los años: rescatar su pasado. El año
pasado, en “José y Reina”, Roura narró como un hombre llega al municipio de
Suma, en Yucatán, montado en un caballo blanco y se lleva a la muchacha más
bonita del pueblo.
Es la historia de sus padres contada en cuartetas
dodecasílabas. La visión poética de los hechos no sólo está saturada de
recuerdos, sino también de la acechanza del presente.
¿La mujer es la musa idónea?
“He editado 39 libros de poesía en 41 años de trayectoria y
la mujer es la musa más importante para la poesía, claro, para los
heterosexuales. Para un homosexual, sería un muso. He escrito poemas pensados
en mujeres bellas que son colegas de trabajo, en sus hombros desnudos, en sus
risas. Cada textura me inspira para escribir un poema. Eso mueve y conmueve.
Mis poetas recurrentes son: José de Jesús Sampedro, Juan Gelman, José Emilio
Pacheco, Alberto Blanco, Armado González Tórres, Raúl González, son varios
poetas”.
Melómano empedernido, conocedor y defensor del rock nacional
más recalcitrante y pionero, imagino la biblioteca musical de Roura, discos de
El Personal, Sixto Rodríguez, Toncho Pilatos, Botellita de Jeréz y hasta Jaime
López. Su pasión sobre el género es desbordante
¿Qué elementos debe tener una buena crítica musical?
“Un crítico debe de ser un conocedor de música, de todos los
géneros. Debe tener referencias enormes para la hora de hacer críticas. Una
buena crítica no puede basarse en el gusto del crítico,deben influir muchos
aspectos del bagaje musical y la forma de escribir”.
¿Qué diagnóstico tiene de las nuevas generaciones que
quieren incursionar en el periodismo cultural? ¿Por qué son pocos jóvenes los
que quieren dedicarse a este rubro periodístico?
"Gran parte de los jóvenes universitarios están
introducidos en el ámbito visual. Son muy electrónicos. Admiran lo visual,
admiran a Loret de Mola, pero no lo califican. Dudo que al conductor le pase lo
que a Peña Nieto cuando fue a la Ibero. Cuando Azcárraga Jean va al auditorio
de una universidad, no lo llena, lo satura de jóvenes que no están ahí para
cuestionarlo,sino para aplaudirlo. El foro Espacio, que organiza Televisa año
con año es para eso, promoverse y obtener a cambio muchos millones de pesos. El
año pasado lo cancelaron y mi sección fue el único medio que lo informó. Lo
cancelaron por miedo al movimiento estudiantil Yo Soy 132. No todos, pero
muchos jóvenes sólo quieren ser famosos y salir en la tele o ser como Toño
Esquinca. Con esto, sólo se confirma la gran desilustración que persiste en el
país. Es lógico que los intelectualeso periodistas que no sean visuales no
llenarán auditorios en ningún lado".
La entrevista fue escrita para la revista Spleen! Journal
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